Es la época más preciosa para el cultivo del espíritu, a ello contribuye el relativo equilibrio de la vida afectiva. Contribuye también al deseo que tiene el joven de valer por sí. Es el momento de dar estabilidad y consistencia a los rasgos del carácter, estimulamos las buenas ideas que manifiestan y provocando la adaptación individual completa a las condiciones reales de la vida. La labor educativa aquí se endereza a ordenar y organizar los componentes de la personalidad por medio de la disciplina.
Para la instrucción no es menos propicia esta edad . El joven es de un agudeza de observación y de análisis y de una receptibilidad verdaderamente admirable . El poder de asimilación y fijación se desarrolla particularmente para la adquisición del conocimiento de los hechos concretos. El estudio de las ciencias naturales, de la historia, de los idiomas , deben , por seo ocupar buena parte del horario , pues pasada esta época, se requirira más tiempos y esfuerzo para conseguir igual rendimiento de la memoria.
Con respecto a las normas morales, todavía en esta época del desarrollo mental es menester sostener le el respeto al deber como su fuera una realidad sustantiva. Debe aprovecharse también el interés de la propia perfección moral , por el dominio de sí mismo y el cultivo de un idealismo práctico que justifique la estimulación y el respeto del propio valor “.
En la adolescencia, el exceso de energía afectiva, si es dejado en libertad , puedo dar lugar a” irregularidades del comportamiento como reacciones antisociales o satisfacciones autieroticas, las que puden constituir en maniobrar físicas ( masturbación) o de ficciones del puber , es menester canalizarla por otras vías; que sea por la modesta del trabajo manual y de paseos y juegos al aire libre, cuya elicacia es sorprendente, sea por el estímulo y cultivo de las aficiones estéticas elevadas, que ya existen en la adolescencia bajo la forma de amor y admiración a la naturaleza. Nuevos hábitos de pensar y de obrar han de crearse entonces, sobre la base de motivos de sentimentalidad elevada.
De los 16 a los 18 años, la educación debe de ser estimuladirs de la voluntad, la que entl ces entra en actividad con demasiada tendencia a la rivalidad, al abandono de los régimenes escolares , a la vida libre y de participación social activa : tendencias que coviene orientar elevadamente, sin tratar de de destruirlas.
Depues de los 18, el adolescente tiende a tomar conciencia de sus valores interiores , de su situación actual y de lo que conviene hacer para su bien futuro . Entonces sólo necesita de sabios consejos.
La adolescencia, en su conjunto , es un período de aficiones dialécticas, de indecisiones, de idealismo , de ímpetus de coraje : es la edad heroica por excelencia. Hay que evitar durante ella tanto la versatilidad como el ensimismamiento o interiorización de la actividad psicológica, que don los dos grandes peligros: el Caribdis y el Escila: cuidado al mismo tiempo de no obstaculizar la originalidad y hasta cierta dosis de rebeldía , que contribuye a dar perfil y valor propio a la personalidad. Para esto, el maestro debe de ser amigo generoso y avisado.
Con respecto a la instrucción del adolescente, ella debe de orientarse en los primeros años, que son los más estériles y difíciles, en el sentido de sitematización de los conocimientos del mundo cósmico y de social. Luego, cuando el adolescente da pruebas de capacidad para la abstracción , se le pude familiarizar con la conciencia pura , siendo posible hacerle abordar con provecho las disciplinas más difíciles y desinteresadas y comenzar los estudios especializados de una profesión.
La cultura moral del adolescente debe hacerse, primero , exaltando directamente el sentido de responsabilidad de los propios actos en tanto que frutos de ser libre, usando de la dignidad humana, y más tarde, de la generosidad , cuya práctica lleva en sí misma la recompensa de que puedan gozar los hombres libres y nobles que están más allá de los intereses materiales, supersticiones y degmatismo. El amor a la justicia es grande durante la adolescencia, pero los conceptos del bien y del mal se comprenden como relativos , no aceptándose fácilmente los argumentos de autoridad, sino los de razón, hijos del libre examen”.
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